Página de Inicio English Version
Attention: open in a new window. PrintE-mail
Pregúntele a los Expertos

Nuestros Expertos

Faina Smith M.Ed., M.S. es directora fundador de Parent411, el cual provee talleres para padres y entrenamientos  profesionales. La Sra. Smith también sirve como experta de educación para el Museo de Niños de Boston y es asesora/entrenadora para el Children’s Trust Fund de Massachusetts. Faina es la madre de dos hijas adultas y tiene dos nietos. Michelle Godfrey es la Directora del Centro para Families (Center for Families) de Cambridge, MA. Michelle tiene dos hijas, de 17 y 2 años de edad, y lleva más de 13 años trabajando en programas de apoyo a familias. Peggy Kaufman, M.Ed., LICSW es la Directora del Center for Early Relationship Support, un servicio del Jewish Family and Children’s Service of Greater Boston. Tiene dos hijos adultos y un nieto.

 Como sabemos, el estrés forma parte de la vida y, sin duda, de la vida de los padres. Pero, ¿cuánto estrés es demasiado? ¿Cómo puede aprender una madre o un padre a reconocer que ha llegado el momento de hacer algo para controlar su estrés? ¿Cuáles serían algunos consejos simples y útiles para manejarlo?

Faina: Todos los padres enfrentan más que su cuota justa de estrés. Al fin y al cabo, es imposible dejar ser padre o escapar de las rabietas de un hijo. De hecho, todos necesitamos un poco de estrés. Y ciertos tipos de estrés son positivos y nos mantienen con energía y motivados si logramos considerar ciertas situaciones como desafíos en lugar de fuentes de tensión. La investigación muestra que nos sentimos menos estrés cuando percibimos alguna medida de control. Identifique cosas que usted puede controlar —como la hora de ir a la cama, cómo hablar con su hijo, qué cocinar para la cena, etc.— y concentre su energía en eso. Valore sus relaciones. Pasar tiempo con sus seres queridos es beneficioso tanto para usted como para ellos. Practique el diálogo interno. Considere la forma en que usted encuadra mentalmente las situaciones estresantes. Por ejemplo, si el bebé está irritable, en vez de decir “nunca se va a calmar”, piense, “está pasando un mal día y necesita un poco más de mi amor y atención”.Pida ayuda. Los padres a menudo no se dan cuenta de que otras personas (como el maestro, consejero o pediatra de su hijo) tal vez puedan ayudarles, tanto a ellos como al niño. Está bien acudir a otra persona en busca de ayuda. Ría. ¡Los niños dicen las cosas más divertidas! Trate de disfrutar de esos momentos. Haga ejercicio. No hay nada mejor para el cuerpo o la mente que el ejercicio. Basta un poco para obtener un gran beneficio. Respete sus propios límites. A algunas madres les encanta cocinar con sus hijos; otras, en  cambio, no soportan tener al niño a sus pies en la cocina. Cada uno de nosotros tiene sus puntos fuertes y limitaciones y es importante aprender a reconocerlos y aceptarlos en lugar de echase la culpa: “¿Qué hay de malo conmigo? ¿Por qué no puedo ser como los demás padres?”

Michelle: El estrés forma parte de la vida cotidiana, y un poco de estrés es incluso bueno para nosotros. Lo importante es comprender la diferencia. El estrés es excesivo si usted está más irritable o ansioso que de costumbre y no logra cumplir sus actividades habituales o afrontar la tensión. Practicar en forma rutinaria un buen cuidado de uno mismo ayuda a manejar parte de la tensión de ser padre o madre. La clave es tomarse el tiempo para hacer las cosas que le hacen bien a usted y que disfruta. Hágase tiempo para llamar a un amigo simplemente para conversar, ponga esa canción favorita que no he escuchado por un tiempo, o salga a caminar. Eso puede ayudar a despejarle la mente. A veces bastan sólo cinco minutos para volver a centrarse. Siéntese en un lugar tranquilo, cierre los ojos y concéntrese en su respiración alargando cada vez las exhalaciones. Respirará más lentamente y eso hará que le llegue más oxígeno al cerebro y que usted pueda pensar con más claridad. Recuerde que usted no está solo y que todos los padres sienten estrés en algún momento.

Peggy: Un poco de estrés es “buen” estrés. Es una señal para que tomemos acción, avancemos y logremos hacer lo que necesitamos. Sin embargo, actualmente la norma es hacer muchas cosas al mismo tiempo, y la tecnología moderna nunca nos permite “desenchufarnos”. Esto puede causar “estrés perjudicial” y, en efecto, lo hace. Algunos de los signos son más irritabilidad, agitación, mal humor, mala memoria, impaciencia, y menos sentido común y concentración. Para los padres ocupados, la manera más efectiva de reducir el estrés es avanzar dando pasos pequeños y manejables. Y si incluimos a nuestros hijos en el proceso, esto puede ser más eficaz aun. Lo mejor es empezar por tomar conciencia. Dígase a usted mismo y/o a su niño, “esto calma el estrés”. Aquí tiene algunas sugerencias:

  •  Cuando ponga a su hijo en el asiento de seguridad del automóvil, deténgase por un momento y sujételo, tóquele la mano y haga una pausa.
  •  Empiece a hablar más despacio.
  • Dé o reciba un “minimasaje” de dos minutos.
  • Lean, canten y rían.
  • Dele un abrazo a su niño y sujétele la mano.
  • Camine descalzo por unos minutos.

Puede añadir otras ideas a esta lista. Y recuerde, haga más que cumplir con la acción, diga en voz alta o dígase a sí mismo: “Estoy reduciendo mi estrés”.

Aunque ningún padre es perfecto, ¡a veces esperamos ni más ni menos que eso de nosotros mismos! El resultado es que nos concentramos tanto en nuestras imperfecciones que no nos damos cuenta todo lo que estamos haciendo bien con nuestros hijos. ¿Por qué es tan importante que los padres aprendan a reconocer lo que hacen bien? ¿Y cómo pueden aprender a hacerlo más a menudo?

 Faina: Es normal pensar demasiado en lo negativo, en los problemas que tenemos con nuestros hijos y en lo que podríamos hacer mejor la próxima vez. Pero también es importante reconocer las interacciones positivas que tenemos con nuestros niños y hacer un esfuerzo consciente por repetirlas y aumentarlas. Convertir lo negativo en positivo. En lugar de decir “¡Basta!” o “¡Deja de hacer eso!”, dígale a su hijo en forma positiva lo que quiere que él o ella haga. Por ejemplo, en lugar de decir “no tires tu ropa al suelo”, diga “pon la ropa en el cesto”. Acepte los sentimientos de su hijo. Para desarrollar una relación más estrecha con su niño, basta simplemente con reconocer y aceptar la forma en que él o ella se siente. Por ejemplo, si su hija está enfadada porque su globo acaba de estallar, dígale, “me doy cuenta de lo apenada que estás. Te gustaba mucho es globo, ¿no?” Exprese sus sentimientos con delicadeza. A veces es imposible no enojarse. Aprenda a reconocer los primeros signos de ira y hágales saber a sus hijos cómo la hace sentir su comportamiento. Por ejemplo, dígales, “he trabajado duro para preparar esta cena. No me gusta que la comida se desperdicie”. Cuando usted toma un momento para reconocer sus propios sentimientos y apreciar lo que está haciendo bien, la crianza se convierte menos en una obligación y más en algo placentero.

Michelle: Es importante reconocer lo que estamos haciendo bien como padres para no abrumarnos por todos los desafíos que vienen con la crianza y el cuidado de nuestros hijos. Reconocer nuestros momentos buenos como padres influye en la actitud que tenemos hacia nosotros mismos y a que los niños se sientan seguros en nuestra presencia. La próxima vez que su hija o hijo haga algo tan pequeño como decir “por favor” o “gracias” o compartir un juguete, entienda que es un bueno momento suyo como padre, y también un logro de su niño en su desarrollo. Y dese un merecido aplauso, porque ninguno de estos momentos es demasiado pequeño o insignificante.

Peggy: Ser padre es una de las experiencias más complejas. Y cada uno de nosotros llega a ella con su propia historia. Nuestros niños también nacen con sus propias características. Para poder concentrarnos en reconocer nuestros éxitos y logros, tenemos que eliminar palabras de sentencia como “bien” y “mal” y darnos cuenta de lo que está pasando con nuestros hijos y en nuestras relaciones. Eso es lo más importante y, en última instancia, lo más gratificante. ¿Estamos observando un crecimiento, cambio o comportamiento nuevo? ¿Están mostrando nuestros hijos conductas más positivas, por ejemplo, mejores relaciones con los demás? Éstas son las recompensas, las satisfacciones y los indicadores de una crianza positiva. Tenemos que darnos darnos cuenta de cuáles son y de su efecto para afirmarnos a nosotros mismos en nuestro papel de padres.

¿Cómo pueden aprovechar los padres esos momentos maravillosos en que “pescan” a sus niños haciendo algo bien y por qué es ésta una herramienta de crianza tan poderosa?  Así como los padres se benefician al prestar atención a sus puntos fuertes y a lo que hacen bien, ¡los niños también se benefician cuando los padres reconocen lo que sus hijos hacen bien!

Faina: Las alabanzas pueden ser un asunto arriesgado. Las alabanzas generales como “¡Eres el mejor artista del mundo!” o “¡Qué inteligente eres!” pueden ser una arma de doble filo, y los padres descubren que sus hijos se vuelven engreídos o dejan de hacer por completo lo que se elogió. Según los expertos, las alabanzas generales ponen ansiosos a los niños porque ellos sienten que les están planteando expectativas o normas que no pueden mantener. Los niños alabados por su inteligencia en lugar de por su esfuerzo, cuando se enfrentan a un reto, suelen darse por vencidos. Las alabanzas correctas son específicas y descriptivas. Por ejemplo, si su hijo le ayuda a llevar las compras del coche a su casa, podría decirle, “Se necesita mucha fuerza para cargar un bolso tan pesado. Para papá es muy útil tener un ayudante tan fuerte”. Su niño deducirá: “soy fuerte” y “soy un buen ayudante”. Este tipo de elogios enseña al niño a apreciar las cualidades y habilidades únicas que él o ella tiene. Con el tiempo le ayudará a darse cuenta de lo que es capaz de hacer y de lo bien que puede hacerlo. Al principio, tal vez sea difícil notar los pasos pequeños que su hijo está dando en la dirección correcta y alabarlo de una manera que lo aliente a mejorar y a conocerse mejor. Pero éste es un buen punto de inicio.

Michelle: En vista de las demandas cotidianas que los padres enfrentan, encontrar tiempo para concentrarse exclusivamente en nuestros hijos puede ser difícil. El refuerzo positivo es una herramienta poderosa para los padres y ayuda a fomentar la autoestima de los niños. Cuando haga compras, cocine o lave la ropa, preste atención a esos pequeños momentos en que su hija o hijo ayuda a un hermano, comparte un juguete o trata de ayudarle con las compras. Éstos son los momentos en que es más probable que “pesquemos” a nuestros hijos haciendo algo bien. No deje de reconocérselo, porque los niños quieren que sus padres se sientan orgullosos de ellos y que noten sus aciertos. Por ejemplo, en lugar de decir, “¡Bien hecho!”, podría decir, “Ayudaste a tu hermano a guardar el rompecabezas, ¡felicitaciones!”. Recuerde que reconocer las conductas positivas lleva a más conductas positivas.

Peggy: Los niños necesitan ser reconocidos por lo que son y por lo que hacen. Todos prosperamos cuando se nos reconoce y nos hacen comentarios positivos. A veces, como padres, nos contenemos y respondemos sólo a los logros más significativos. En interés del desarrollo emocional de nuestros hijos, es importante que notemos y reconozcamos también los éxitos más pequeños. Los elogios vacíos no se “adhieren”;  los elogios concretos, en cambio, sí. “Andrés, pusiste un cordón encima del otro para atarte los cordones de los zapatos. ¡Felicitaciones!” Los niños también “florecen” cuando saben que se los aprecia por lo que son y no sólo por lo que hacen. “Carolina, estoy tan contenta de que hayas elegido venir al supermercado conmigo hoy. Es tan divertido compartir esto contigo.”  Declaraciones como éstas hacen que nuestros hijos se sientan notados y reconocidos. Las recompensas son enormes para nosotros, como padres, cuando afirmamos y convalidamos la percepción que nuestros hijos tienen de sí mismos.

 


category_36.jpg